sábado 19 de diciembre de 2009

Cine/ "AVATAR"


Imprescindible verla en cine




James Cameron en la dirección, Sigourney Weaver en la pantalla, James Horner componiendo la banda sonora… ¿Estamos ante una continuación de “Aliens, el regreso” No. O, ¿quién sabe?, tal vez en parte sí… Porque “Aliens” (1986) es tan sólo una de las múltiples referencias que Cameron se permite regalarnos para componer su esperadísima nueva película tras su multitaquillera y plurioscarizada “Titanic”, que, no olvidemos, tiene ya doce añitos. Alguien debería prohibir que un cineasta con el talento de este hombre se mantuviese alejado de las pantalla de cine durante tanto tiempo, pero, viendo “Avatar” y conociendo el grado de implicación de Cameron en cada uno de sus proyectos, es obvio que el último lustro ha tenido que pasárselo imaginando decorados, dibujando storyboards y puliendo más que su colega Robert Zemeckis el sistema de animación por captura de movimiento. Cualquiera de vosotros que haya utilizado el famoso programa de comunicación Messenger sabe que un avatar es una imagen que un usuario puede elegir para que le sirva de representación. Algo así es lo que se le ofrece a Jake Sully (Sam Worthington), un exmarine paralítico destinado en el bucólico planeta Pandora, habitado por los indígenas Na’Vi y poseedor de una riqueza natural incalculable. A Sully se le permite vivir una nueva vida en un avatar compuesto de ADN humano y na’vi, recuperando así la capacidad de caminar y teniendo la misión de convencer a los indígenas de que abandonen sus tierras en aras del inequívoco colonialismo yanqui… Confieso que, a pesar de la potentísima y machacona campaña publicitaria que 20th Century Fox ha venido desarrollando desde hace ya bastantes meses, no las tenía todas conmigo cuando fui ayer tarde a ver “Avatar”. Durante los primeros tres cuartos de hora (el film dura la friolera de ciento cincuenta minutos), no hice sino fruncir el ceño ante un espectáculo que de innovador o novedoso tenía más bien poco. Como dije al principio, la presentación de los marines y su parafernalia militar y robótica constituía un calco descarado de “Aliens”, y. cuando Sully se convierte en un avatar na’vi (aborígenes azules que miden tres metros de altura), la cosa tampoco mejora mucho, pues ya tenía y sigo teniendo la sensación de que esos pitufos hiperdesarrollados son uno de los principales hándicaps del film. Francamente, hubiera preferido mil veces que los indígenas fuesen simplemente hombres y mujeres pintarrajeados de color turquesa, porque, una vez más y tal como sucede en los últimos trabajos del citado Zemeckis, los movimientos y la fisicidad de estos personajes parecen más propias de muñecos que de seres vivos (joder, es que a ratos hasta me recordaban a las marionetas de “Cristal Oscuro”), y nada hay peor para un film fantástico que ser incapaz de creerte, de participar en la fantasía que lo alienta. Por fortuna, enseguida James Cameron logra “secuestrarnos” con un derroche de poesía visual, con una sinfonía de colores, luces y sonidos, y de ese secuestro deviene un irrenunciable síndrome de Estocolmo que ya nunca te abandona. Obviamente, todas esas afirmaciones que habréis oído y quizás aún oiréis acerca de que “Cameron reinventa el Cine” o de que “el Cine nunca volverá a ser lo mismo” después de “Avatar” son falsas y exageradas, como también la catalogación de algunos como “obra maestra” (joder, estoy más que harto del modo en que a casi cualquier film más o menos correctito se le sube gratuitamente a los altares). Sin embargo, es indudable que la apuesta de este director canadiense por desarrollar y magnificar el uso de nuevas tecnologías para abrir caminos que permitan evolucionar al Séptimo Arte y, a ser posible, combatir la piratería obligando al público a acudir a las salas de cine, no es sólo digna de agradecer sino que resulta sumamente atractiva. Yo la ví en 3-D, y he de reconocer que, al igual que sucedía en “Up”, el empleo de este sistema se ha llevado a cabo con inteligencia, logrando profundidades de campo insospechadas y no limitándose a arrojar objetos a las narices del espectador. Sobre el argumento, mejor no extenderse mucho, porque es un potpourri de la mencionada “Aliens” más “Bailando con lobos” más “Pocahontas” más “Tarzán” más “El último samurái”, lo cual no impide que, a partir del momento en que el maravilloso planeta Pandora se erige en verdadero protagonista de la función, sus colores y sus criaturas logren que el tiempo de proyección se nos pase volando. Leí en una entrevista que James Cameron aseguraba que iba a hacer que los hombres se enamorasen de un montón de pixels, y es indudable que el personaje de Pocah… perdón, Neytiri, la hembra na’vi recreada en base a los sensuales gestos de la actriz Zoe Saldaña (la joven Uhura del nuevo “Star Trek”) es uno de los más afortunados de la película, así como el terrible coronel Quaritch al que da vida un estupendo Stephen Lang. Menos afortunada es la partitura de James Horner, que al principio parece que va a ser maravillosa y poco a poco va cayendo en el principal defecto de este compositor, la preocupante necesidad de autoplagiar lo propio y copiar lo ajeno, siendo escandaloso el uso y abuso de sonoridades tan reconocibles como “La Misión”, “Titainic” y la tantas veces aludida “Aliens”. Pero dejémonos de críticas, que tampoco son necesarias si nos conformamos con saludar a “Avatar” como una gran película fantástica, una excelente aventura, una odisea tecnológica y uno de esos films que, por su calidad de imagen y, sobre todo, por su portentoso sonido, uno de los mejores que escucharéis en vuestra vida, os recomiendo encarecidamente que veáis en una sala de cine.



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía, el sonido, la heroína Neytiri, el villano Stephen Lang


Lo peor: el equivocado empeño en que los actores generados por ordenador pueden llegar a reemplazar a los de carne y hueso


El cruce: “Aliens” + “Bailando con lobos” + “Pocahontas” + “Tarzán” + “El último Samurai”


Calificación: 9 (sobre 10)



viernes 18 de diciembre de 2009

Cine/ "NOSFERATU"


 
 
 
 
El jazz mató a la estrella del cine mudo






Mi tío Angel, que en paz descanse, fue a ver “Nosferatu” de F.W. Murnau en un cine de estreno de Alicante, poco antes de nuestra Guerra Civil. El pobre pasó tanto miedo que le contó a su hermana (mi madre) que, cuando regresó a casa, lo hizo subiendo las escaleras tan rápido que se golpeaba las nalgas con los talones. Sentir tanto pánico, siquiera un poquito, es imposible si uno ve la película como la ofreció el CineClub Paradiso de Lorca, mi queridísimo CineClub Paradiso, el pasado Jueves en el Teatro Guerra de la Ciudad del Sol. Loable empeño el de esta Asociación cultural lorquina a la que tuve el honor de pertenecer en sus comienzos, a la que nunca olvidaré y a la que quién sabe si me reintegraré algún día. Loable empeño, sí, el de recuperar la mítica tradición de proyectar las películas totalmente mudas y con el único acompañamiento de la música interpretada en directo. Pero, claro, no toda la música en directo es apta para apoyar las imágenes que llenan la pantalla. Como llevo algún tiempo desconectado de la rutina cineclubera, desconozco cómo surge la idea de confiar la musicalización de este clásico del expresionismo alemán a un pianista llamado Arsenio Martins, que, a tal efecto, ha echado mano de una formación que lidera y que lleva por nombre ”Aroma Jazz Trío”. Efectivamente, el aroma de jazz que desprendía la partitura compuesta e interpretada por el Sr. Martins y su grupo lo que hacía no era “acompañar” las imágenes sino más empujar al espectador a distanciarse de ellas. Lo siento por Martins y por quienes pusieron toda su ilusión en construir tan maravillosa velada cinéfila, pero, desde el principio al fin y siempre y en todo momento, la música fue no el contrapunto sino el contrincante del inmortal clásico de Murnau. Por lo que respecta al film en sí mismo, “Nosferatu” fue una de las primeras apariciones de un vampiro en el Cine, y la primera vez en que la novela “Dracula” de Bram Stoker se convirtió en película. No obstante, Friedrich Wilhelm Murnau, su realizador y máximo responsable, optó por la vía fácil de adaptar la novela pero sin pagar los derechos de autor, pensando que bastaría con cambiar los nombres de los personajes. Así, el ilustre protagonista ya no atiende al nombre de Drácula, sino que cambia su apellido por el de Orlock (manteniendo, éso sí, su título nobiliario de Conde), y es conocido por los lugareños que habitan sus tétricos parajes carpatianos como "Nosferatu" (que en griego significa "No muerto"). Por lo demás, la trama sigue fielmente el esquema de sobras conocido: un agente inmobialiario inglés se desplaza a un remoto país centroeuropeo para vender una finca a un misterioso aristócrata que duerme de día y sale de noche, el cual se revoluciona al ver la sangre de su invitado y, sobre todo, el cuello que luce su prometida en una fotografía, razón por la cual el Conde decide desplazarse a Inglaterra en un barco en el que viaja dentro de un ataúd, llevando consigo unos puñados de tierra de su hacienda, unas docenas de ratas... y la Peste. Si Murnau pensó que bastaría con rebautizar a los protagonistas para despistar a los propietarios legítimos de los derechos, no pudo andar más equivocado, porque los herederos de Bram Stoker le demandaron y el litigio llegó a tal extremo que la sentencia judicial le obligó a quemar todas las copias del film que circulaban por Alemania (en las copias restantes se exigió que los títulos de crédito reconociesen que el argumento se basaba en la novela de Stoker). El caso es que, cuando, recientemente, se reeditó la película en vídeo y posteriormente en DVD, no existía una sola versión completa que se aproximase a la que estrenó Murnau en 1922, por lo que hubo que recurrir a instituciones cinematográficas, cineclubs, museos e incluso a coleccionistas particulares para recomponer lo más parecido a la visión del director. Las leyendas (negras) en torno a "Nosferatu" se sucedieron desde el principio. Para empezar, y, a pesar de que el actor elegido para dar no-vida al protagonista, Max Schreck, ya había hecho varias películas y obras de teatro y continuaría actuando en otras tantas después de desempeñar el papel que le inmortalizó, corrió el rumor de que Shrek era un vampiro auténtico que durante el rodaje atacó a algunos miembros del equipo (no dejéis de ver, si tenéis ocasión, la deliciosa "La sombra del vampiro", que reconstruye la filmación de la película y en la que John Malkovich incorpora a Murnau y un irreconocible Willem Dafoe a Schreck). Poco se sabe de los demás actores que le acompañaron, todos ellos actuando en un registro totalmente diferente, tan sobreactuados como mandaban los cánones del expresionismo. Murnau consiguió con "Nosferatu" una de sus grandes obras maestras (la otra es "Amanecer", también recuperada por el CineClub Paradiso), en la que supo como nadie aunar el lirismo y el suspense, la poesía y el terror, gracias a una fotografía espléndida y unos imaginativos efectos especiales. Los contraluces, las sombras ominosas y cada una de las apariciones de Nosferatu/Schreck han pasado al imaginario colectivo de todas las generaciones posteriores, y el propio Francis Coppola en su "Dracula" de 1992 no dudó en homenajearla con todos los honores que se merece. Personalmente, hubiera preferido verla sin los muy molestos (e innecesarios) intertítulos que rompen el ritmo de sus imágenes, y, sobre todo, "oirla" en su espléndida insonoridad, pero lo cierto es que "Nosferatu" es una joya de un tiempo lejano en que el Cine era Cine de verdad. Incluso aunque se exhiba en un Teatro y a partir de una copia en DVD.



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía en general, el imaginativo uso de las sombras, la composición de Max Schreck


Lo peor: las interpretaciones hiperteatralizadas del resto del elenco actoral… la performance jazzística que desdibujó su exhibición en Lorca.


Calificación: 9 (sobre 10)




lunes 14 de diciembre de 2009

Cine/ "SPANISH MOVIE"

Sonrisas a costa del cine español





“Spanish Movie” me produjo envidia. Así de claro. Desde que, hace justamente 30 años, se estrenara “Aterriza como puedas”, el film que inventó el género de las “spoof movies” o “cine de parodias”, yo intenté por todos los medios producir una película así, pero “a la española”. Lo logré a medias en 1993 con el estreno de mi ópera prima “El Butanero siempre llama dos veces”, pero han sido los responsables de “Spanish Movie” quienes lo han conseguido por fin. Con bastante amplitud de medios, que incluyen desde una ambientación excelente hasta la contratación del actor Leslie Nielsen, el inolvidable médico de la citada “Aterriza…”, pasando por una poderosa banda sonora, se ha conseguido el objetivo de hilvanar una trama más o menos consistente que aúna los argumentos de “Los otros”, “El orfanato” y “Mar adentro” para dar pie a un desfile de secuencias en las que se remedan, con mayor o menor fortuna, películas españolas (“El laberinto del Fauno”, “Volver”, “(Rec)”, “Alatriste”, “Abre los ojos”, “Los lunes al sol”, “Yo soy la Juani”) o extranjeras con participación de algún actor español (“No es país para viejos”); lo mismo que hacían Martes y Trece y, sobre todo, Cruz y Raya, pero con muchísimos más medios y, asimismo, con mayor acierto. Yo he de admitir que no me reí mucho, pero es que estaba boquiabierto admirando el exhaustivo y perfeccionista trabajo de diseño de producción, vestuario, peluquería y maquillaje. Chapeau para todas esas facetas. “Spanish Movie” generará más o menos carcajadas entre el público no iniciado, pero quienes conocemos los títulos imitados tenemos que admitir que se trata de la mejor cinta de parodias realizada en España. Supongo que para la mayoría de vosotros esto significará poco o nada, pero, para mí, como dije en un principio, constituye un motivo de muy sana envidia.



Luis Campoy



Lo mejor: el diseño de producción, el vestuario y la música

Lo peor: el exceso de humor grueso, con reiterativas e innecesarias alusiones fálicas, la escena que imita a “Superman” (¿pero no se trataba de parodiar películas españolas?) y el bochornoso y gratuito cameo de Chiquito de la Calzada durante los títulos de crédito finales

El cruce: “El orfanato”+”Los otros”+”Mar adentro”+”El laberinto del Fauno”+”No es país para viejos”+”Abre los ojos”+”Alatriste”+”Volver”+”(Rec)”+”Los lunes al sol”+”Yo soy la Juani”… + “Aterriza como puedas”/”Top Secret”/”Agárralo como puedas”

Calificación: 8 (sobre 10)


miércoles 2 de diciembre de 2009

Cine/ "CELDA 211"

Éxito entre rejas


Ha sido un éxito relativamente sorprendente en el seno del cine español, digamos, comercial, y, desde luego, es bastante más entretenida que "Agora", cuya visualización, tamizada de bostezos de aburrimiento, aún no he podido superar. Juan Oliver, un joven funcionario de prisiones cuya esposa está a punto de dar a luz a su primer hijo, decide adelantar un día su incorporación a su nuevo puesto de trabajo como celador en una prisión. No pudo haber escogido peor día. Los reclusos de la cárcel se amotinan y el pobre Juan, que, durante el inicio de la refriega, pierde el conocimiento a causa de un golpe fortuito, es recluído por sus compañeros en una celda, la 211, y al despertarse rodeado de criminales en pie de guerra, no se le ocurre otra cosa que fingirse un presidiario más para intentar sobrevivir. Le acoge, no sin recelos, el fiero Malamadre, el líder de los reclusos, pero la pesadilla de Juan no ha hecho más que comenzar... El cine carcelario constituye casi un subgénero en sí mismo, y todos recordamos tal o cual película en la que el protagonista (casi siempre condenado injustamente) encontraba entre rejas la posibilidad de redimirse. Pero "Celda 211" no es ni mucho menos "Cadena perpetua", y aquí el héroe acaba convirtiéndose poco menos que en villano, y el teórico villano se erige en héroe. No descubro ningún secreto si digo, casi a voz en grito, que lo mejor de "Celda 211" es un superlativo Luis Tosar, que borda primorosamente su personaje de Malamadre. Se trata de una de esas interpretaciones que, desde el principio hasta el final, ofrecen al actor un sinfín de ocasiones de lucimiento, y Tosar aprovecha cada una de ellas. La composición de este estupendo intérprete es de Oscar (o, como mínimo, de Goya), desde la pura fisicidad de cada pose hasta el uso poderoso de la voz. Chapeau para Luis Tosar. La vida en la prisión es dura, y más en una cárcel española como la que retrata la película, en la que los presos comunes se ven obligados a compartir reclusión con los terroristas de ETA a los que el Gobierno trata de proteger para evitar conflictos aún peores. Son ellos a quienes los amotinados intentan tomar como rehenes, todo ello en un clima de enajenación y violencia no apto para cualquier estómago pero que, si lo consigues asimilar, puede llegar a resultar incluso fascinante. La mejor película hasta la fecha del ex-crítico cinematográfico Daniel Monzón, en la que tiene un corto papel un estupendo Antonio Resines, quien parece ser tanto más valorado cuanto más se alejan sus personajes de su estereotipo de españolito campechano y vulgar.



Luis Campoy

Lo mejor: sin duda, un soberbio Luis Tosar


Lo peor: algunas escenas que contienen violencia demasiado explícita


El cruce: “Cadena perpetua” + “Encerrado” + “Todos a la cárcel”


Calificación: 8 (sobre 10)


martes 1 de diciembre de 2009

Adiós a nuestro hombre lobo


Justo ahora que los hombres lobo vuelven a ponerse de moda, con "Luna Nueva" y el remake que protagoniza Benicio del Toro, se nos ha ido nuestro licántropo hispano, Paul Naschy. Naschy interpretó al hombre lobo un buen montón de veces, y se vio obligado a utilizar un seudónimo porque su verdadero nombre, Jacinto Molina, no era lo bastante pegadizo. Desde los años sesenta hasta principios de los ochenta fue una de las pocas figuras relevantes en lo que al cine fantástico español se refiere, y nunca se retiró del todo, porque siempre encontraba el modo de volver, ya sin maquillaje lupino. De hecho, su último film , "La herencia Valdemar", está pendiente de estreno y llegará a las pantallas en 2010 (por cierto, su querido hombre lobo se llamaba... Valdemar Daninsky). Descansa en paz a la luz de la luna, querido y entrañable Paul/Jacinto.

lunes 30 de noviembre de 2009

Un "Clásico" igualado


El único partido que hace bien el Madrid, y, casualmente, es contra el Barcelona. ¿Casualmente? ¡No! Llevo muchos meses diciendo que el dispendio económico que Florentino efectuó este verano tenía como fin primordial eclipsar los logros del Barça, ¿por qué debería extrañarnos que, por fin y frente a su bestia negra, se les viera un poco de fútbol? En algunos momentos de la primera parte del partido de ayer, confieso que llegué a pensar que ese juego balbuceante que hasta aquel momento habían descrito todos los cronistas (yo jamás los veo jugar) no era sino una cortina de humo, una estratagema, una trampa que bien hubiera podido ser mortal y cuyo único objetivo habría sido pillar al Barcelona con la guardia baja. Porque, seamos sinceros, Kaká y Cristiano casi se nos meriendan con patatas en el primer tiempo, ¿o no?. Creo que el propio Guardiola picó el anzuelo y se vio sorprendido, como sus pupilos, por la defensa adelantada y los pases largos y precisos que a punto estuvieron de aprovechar Ronaldo, Marcelo e Higuaín. ¡Menos mal que Valdés metió la pata... para bien ! Nuevamente Xavi estuvo sofocado por un marcaje asfixiante (cortesía de Xabi Alonso y Lass), cediendo la creatividad a Iniesta, que, lamentablemente, sólo podía apoyarse en Messi y en Keita por delante, dada la ineptitud de Henry. Lo del francés empieza a ser indefendible. Ni recuerdo cuándo fue su última actuación decente; probablemente habría que remontarse al día 2 de Mayo y precisamente frente al Madrid. ¿Qué tal un trueque Henry-Robinho en cuanto se abra el mercado de invierno? (Ojalá, pero no creo que los jeques del Manchester City sean tan pardillos) Lo que es cierto es que el equipo de la capital de España ha mejorado como de la noche al día desde el ya mítico 2-6, y todos los medios de comunicación pro-blancos (entre los que cabría incluir a Digital +, cuya locución no pudo ser más partidista) interpretan lo de anoche como una derrota con sabor a victoria, algo así como el inicio de una segunda fase en la que, por fin, el álbum de cromos de Florentino y Valdano parece que ya está ultimando su proceso de formación. Por fortuna, gracias a la suerte y a Puyol mantuvimos la portería a cero hasta que Pep se bajó del burro y retiró a Tití para dar salida a Ibra, que, en apenas cinco minutos, desatascó el partido. Un golazo de crack que vale no sólo tres puntos sino todo un liderato (el mismo que cedimos hace 8 días por culpa de aquel enésimo fallo de Chygrynskyi); ahora sólo falta mantenerlo. Lo de la expulsión de Busquets me pareció, quizás, demasiado rígido, porque fue evidente que el chaval no pecó de premeditación y sí de bisoñez, y lo del cacareado penalty de Piqué a Cristiano... ¿quién sabe...? Todos los futbolistas marcan su espacio sirviéndose de sus manos, y el ex-balón de oro portugués es lo bastante listo como para fingir un piscinazo. Además, no estaría muy claro, cuando ni siquiera sus propios compañeros lo protestaron demasiado... Yo, aunque me hubiera encantado, no pude ver el partido en los Cines Nueva Condomina de Murcia, única sala de la Región en la que se exhibió, pero el ambiente en el bar lorquino en que lo disfruté era inmejorable. Un llenazo hasta la bandera para todos los restauradores que tuvieran la tele deportiva legalizada (los piratas habían sido convenientemente castigados con el corte ejemplarizante). A partir de ahora comienza otra Liga. Lo importante es que el Barça es líder, como siempre debió ser, y Casillas tendrá que conformarse con ver por su famoso retrovisor... al Sevilla.


Nota:  este artículo pertenece a mi otra página web, "Mi blog azulgrana"

sábado 28 de noviembre de 2009

Cine/ "CUENTO DE NAVIDAD"


Imitación a la vida




Cuando era pequeño, era una de mis historias favoritas. Todavía recuerdo cuando leí su adaptación en comic dentro de la colección (ahora reeditada) "Joyas Literarias Juveniles" durante una de aquellas tardes en que mis padres me dejaban al cuidado de mis abuelos. Luego, en el Salón de Actos del colegio, se proyectó la versión musical, "Muchas gracias, Mr. Scrooge", con Albert Finney desempeñando el papel principal, y también me encantó. El caso es que "A Christmas Carol" de Charles Dickens ha sobrevivido al paso del tiempo y a las modas imperantes en cada época y se ha convertido en una de las obras más famosas de la Literatura universal, un canto de esperanza, una alegoría de la superación personal y, junto con "Qué bello es vivir" (que no hay año que no se reponga en alguna televisión), uno de los ingredientes básicos de cada Navidad. En esta nueva aventura cinematográfica, el director Robert Zemeckis ha tenido a bien convertirla en su cuarto proyecto de animación mediante captura de movimiento, tras "Polar Express" y "Beowulf" (que realizó personalmente) y "Monster House" (que tan sólo produjo). Lo primero que tengo que decir es que me parece lamentable que el director de maravillas como la trilogía de "Regreso al futuro", "¿Quién engañó a Roger Rabbit?" y "Forrest Gump" continúe desperdiciando su talento en productos condenados al fracaso, por cuanto, hoy por hoy, y esperemos que durante mucho tiempo, es imposible hacer realidad lo que Zemeckis quiere: que sus criaturas generadas por ordenador adquieran realismo, dramatismo y vida propia. Una cosa es que la tecnología haya conseguido recrear texturas, pelajes y tonalidades que parecen casi reales, y ponerlas al servicio del cine (caso de los modernos films de animación de Pixar o DreamWiorks y de los sofisticados efectos visuales de "2012", "El regreso de la Momia" o "Parque Jurásico", por poner tan sólo unos ejemplos), y otra cosa muy distinta es pretender que la informática suplante a la Naturaleza como generadora de toda la Vida que palpita en una producción de dos horas que aspira a deslumbrar al espectador pero que acaba por resultar irritante. Esto es lo que sucede viendo "Cuento de Navidad", en la que, indiscutiblemente, pueden encontrarse retazos de buen cine, pero que fracasa estrepitosamente cuando apuesta denodadamente por sustituir la emoción por la teórica fascinación ante un despliegue tecnológico que se convierte en un lastre irreversible. Para esta enésima versión del clásico dickensiano, el actor que ha elegido Zemeckis para suceder a los Albert Finney, Michael Caine o incluso el Tío Gilito, que hasta ahora habían encarnado al avaro Ebenezer Scrooge, no es otro que Jim Carrey, del cual, en otras circunstancias, estaría diciendo aquí y ahora que realiza un trabajo sublime, pero que, mediatizado por la funesta técnica de captura de movimiento, no es sino una caricatura, un muñeco que trata de parecer humano y no lo consigue. Carrey se desdobla en un montón de personajes, y, junto a él, también Gary Oldman, Colin Firth o Robin Wright han permitido que su cuerpo se llene de electrodos para convertir en pixels sus gestos y expresiones. Pero todo es en vano. No sólo no se ha avanzado nada desde "Polar Express" (mucho más entretenida, a pesar de que entonces me pareció una especie de montaña rusa enloquecida), sino que yo diría que incluso se ha retrocedido. A ver, ¿para qué hacer que un actor interprete un personaje, a veces de modo excelente, sólo para deconstruir y adulterar su trabajo? Las películas de dibujos animados a la antigua usanza tenían y tienen su gracia, incluso la tienen las de animación digital que no ocultan su naturaleza, pero ésto de intentar dar gato por liebre haciendo pasar por real y corpóreo algo que sólo es un montón de megabytes puede llegar a convertirse en un atentado contra la ética y la estética. Al menos para mí, que se me atragantaron todas las escenas en las que Zemeckis, acompañado por la música de su habitual compinche Alan Silvestri, parece olvidarse de que el relato de Dickens es un monumento a la emotividad y los sentimientos y no sólo una excusa para un derroche de parafernalia computerizada. Sólo me queda preguntarme, con malsana curiosidad: ¿qué pasará con la esperadísima “Avatar” de James Cameron, que ha sido rodada mediante similares técnicas de captura de movimiento…?



Luis Campoy



Lo mejor: el original literario de Charles Dickens


Lo peor: que Robert Zemeckis continúe empeñado en pretender que la animación digital puede sustituir a la humanidad de los actores


El cruce: "Muchas gracias, Mr. Scrooge" + "Polar Express" + "Los Teleñecos en Cuento de Navidad"


Calificación: 5,5 (sobre 10)



miércoles 25 de noviembre de 2009

Cine/ "La saga Crepúsculo: LUNA NUEVA"

Colmillos, músculos y bostezos








Incluso aunque no hubiera existido una continuación literaria, era obvio que a un éxito tan apabullante como "Crepúsculo" iba a sucederle, sí o sí, una continuación como "Luna Nueva". Lamentablemente, la propia trama urdida por la escritora Stephanie Meyer en la segunda de sus novelas "vampíricas" ya contenía el principal hándicap al que el film iba a enfrentarse: Edward Cullen, el vampiro de tez pálida y labios carmesí, prácticamente no sale. Ha pasado un año desde lo que nos contaba "Crepúsculo", y Bella (Kristen Stewart) y Edward (Robert Pattinson) son ya una pareja socialmente aceptada, sobre la que, no obstante, pesa una maldición sangrienta. Cuando cree que seguir con ella puede ponerla en un peligro constante y letal, Edward decide abandonar a Bella, y la muchacha intenta olvidarle practicando (estúpidos) deportes de riesgo, tras lo cual se permitirá ser cobijada en brazos del fornido Jacob (nuevamente Taylor Lautner), el cual esconde un secretito lupino y peludo...



Como he dicho antes, la historia diseñada por Meyer pretendía someter a una durísima prueba al amor que se profesan Bella y Edward, y, por tanto, la ausencia de este último le convertía poco menos que en un personaje anecdótico dentro de la trama. Para el libro (que no he leído… ni leeré), tal pérdida podía resultar asumible, pero, para la película, es un escollo insalvable, toda vez que, precisamente, la razón principal del predicamento de "Crepúsculo" entre las teenagers era la presencia de Robert Pattinson, elegido ya uno de los hombres más sexies del mundo. Con Pattinson ausente del argumento, los productores se ven obligados a a) inventarse excusas poco afortunadas para que el actor aparezca en forma de sueños y premoniciones y b) otorgar demasiado protagonismo a una trama que está torpemente desarrollada y peor interpretada, la bobalicona amistad-sin-derecho-a-roce entre Bella y el hombre lobo Jacob, que se pasa media película semi desnudo y luciendo bíceps y pectorales a tutiplén. Para las jovencitas aulladoras que llenaban la sala y para el público gay (que, normalmente, es más recatado, al menos en el cine), no digo yo que los musculitos de Taylor Lautner no tengan su aquél, pero no me cabe duda de que el resto de los seres humanos bien podría haber sido beneficiado con el privilegio de eludir una hora y pico de pasteleo y diálogos de fotonovela. Sólo al final, durante las escenas que se rodaron en Italia, el film levanta el vuelo y consigue sobreponerse a sus deplorables tres primeros actos, lo cual coincide, "casualmente", con la reaparición de Robert Pattinson, quien, para regocijo y/o desesperación de las fans, incluso le pide matrimonio a una Bella que quiere chupar y que se le chupen (la sangre, no penséis mal). Fotografiada bellamente por el español Javier Aguirresarobe (lástima de talento desperdiciado), a mí "Luna Nueva" me ha decepcionado bastante, e incluso llegué a preguntarme por qué me gustó "Crepúsculo". Quizás soy uno de los pocos mortales no adolescentes, no femeninos y no gays que prefieren la (tan criticada por muchos, cosa que no entiendo) dirección de Catherine Hardwicke en "Crepúsculo" a la sensiblería más bien infantil de Chris Weitz, quien parece que, tras haber dirigido mi adorada "Un niño grande", se debió dar un buen porrazo en la cabeza, lo cual ha ocasionado chichones como "La brújula dorada" y, ahora, "Luna Nueva". A destacar, para cinéfilos impenitentes, las breves apariciones de Graham Greene ("Bailando con lobos"), Michael Sheen ("El desafío: Frost contra Nixon") y Dakota Fanning ("La guerra de los mundos"), que acaban constituyendo los inesperados alicientes de la función.



Luis Campoy



Lo mejor: haber tenido que sentarme en la primera fila del cine porque la sala estaba absolutamente abarrotada (ya no recordaba una experiencia así)


Lo peor: la hora y pico de película en la que no aparece Robert Pattinson, cuya química con Kristen Stewart es lo único que realmente sostiene la función


El cruce: "Crepúsculo" + "Jóvenes ocultos" + "Un hombre lobo en París" + “Underworld” + "El talento de Mr. Ripley"


Calificación: 5 (sobre 10)


viernes 20 de noviembre de 2009

20-N


No es la primera vez que hablo de aquel día. Era, como hoy, 20 de Noviembre, y yo tenía... ¡ufff...! escasamente doce añitos. El sábado anterior, nuestro vecino Arturo nos visitó y, mientras comíamos patatas fritas y aceitunas, escuchamos en la televisión uno de los últimos partes facilitados por el Equipo Médico Habitual en los que se daba cuenta de que Francisco Franco, uno de los militares europeos menos respetados, golpista convencido y orgulloso, autoproclamado salvador de la Patria, reciente impulsor de varias ejecuciones de etarras que los intelectuales de vanguardia no pudieron impedir, agonizaba entre tubos y aparatos respiratorios. Todo lo que ha empezado debe acabar algún día, incluso una dictadura que ya duraba casi cuarenta años, y, una mañana, un tipo llamado Arias Navarro, vicepresidente o así, lloró ante los televidentes al anunciar solemnemente aquéllo de "Españoles: Franco ha muerto". Las emociones de la gente común y corriente contenían un poco de todo: los inequívocamente adeptos se sentían solos y desolados, los meramente simpatizantes se preguntaban cómo serían sus vidas a partir de ahora y los muchos que llevaban décadas soñando con ese momento brindaban con champán en la más estricta intimidad. Los niños, todos los niños, parecíamos militar, sin saberlo, en este último bando, el del rojerío inconsciente. Porque todos estábamos alborozados con los tres días de luto que implicaban unas minivacaciones inesperadas, casi un preámbulo de la Navidad. El Colegio Sagrado Corazón de los Hermanos Maristas de Alicante cerró las puertas y los "pobres" alumnos nos vimos obligados a buscarnos la vida, cada uno como mejor pudo. No sé si alguno se quedó en casa haciendo deberes, pero mi amigo Fele y yo nos fuimos al famoso barranco de Benalúa, y no precisamente para lamentarnos de que el Tío Paco nos hubiese dejado para siempre. Entre hojarasca y ramitas de árboles, corrimos y jugamos y, cuando languideció la tarde, ya teníamos pensado lo que íbamos hacer los dos próximos días. Nada menos que, celebrar, a nuestro modo, el solemne entierro del Dictadorísimo, perdón, del Generalísimo. Echamos mano de todos nuestros muñecos (incontables vaqueros de Comansi, cinco o seis Geypermans y, sobre todo, un montón de Madelmans), y los disfrazamos con uniformes de papel pintarrajeado. Esos serían los soldados de infantería, aquéllos los legionarios (ni la cabra nos faltaba), y los de más allá se convertirían en la Guardia Mora. Yo tocaba el tambor y mi amigo silbaba la famosa marcha "Los Voluntarios", mientras una época oscura se iluminaba con un rayo de esperanza para un país en el que los niños, ignorantes de la trascendencia de tales acontecimientos, tan sólo se congratulaban de haber quedado huérfanos de escuela durante tres días.

domingo 15 de noviembre de 2009

Cine/ "2012"



El día de mañana ni siquiera la independencia evitará el fin de los días





A principios de los años 70, Hollywood intentó hacer frente, una vez más, al imparable avance de la TV, y, tras probar el CinemaScope y el primitivo 3-D, se lanzó a producir películas que narraban terribles desastres y que sólo alcanzarían sus máximas cotas de espectacularidad si se visionaban en la pantalla grande de una sala de cine. Así nació el llamado “cine de catástrofes” (rebautizado por algunos graciosos como “cine catastrófico”, por los penosos resultados de algunas tardías propuestas), que tuvo en “Aeropuerto”, “El coloso en llamas”, “Terremoto” y “La aventura del Poseidón” a sus más insignes representaciones. La fórmula era siempre la misma: reunir a un reparto de viejas glorias y hacerles pasar las de Caín mientras sufrían incendios, naufragios, accidentes aéreos y terribles terremotos. Las 4 películas que he citado fueron, justamente, las más destacadas y también las más afortunadas de tal estirpe, pero hubo muchas, muchísimas más, tantas que, al final, el público se hartó y acabó ignorándolas, con lo que también los estudios dejaron de producirlas y sólo en contadas ocasiones se han vuelto a realizar films de temática e intenciones similares. Uno de los que siguen aferrándose a tan destructivo subgénero es el alemán Roland Emmerich, al que poco debe gustarle la Tierra en que vive porque no hace más que inventar ficciones en las que ésta es destruída una y otra vez. Primero lo intentó en “Independence Day”, luego con “El día de mañana” y nuevamente se pone manos a la obra con “2012”. Basada en oscuras profecías basadas en el hecho de que el Calendario maya (y también el egipcio) concluye exactamente el día del solsticio de invierno del año 2012 (es decir el 21-12-12), conocido popularmente como “El fin de los días”, tras lo cual el mundo que conocemos se extinguirá para siempre, engullido por las fuerzas de la Naturaleza, la nueva película de Emmerich contiene, una tras otra, las claves que han caracterizado a todas sus obras anteriores: falta de originalidad, copia sistemática de modelos precedentes, personajes arquetípicos y unilineales, diálogos torpes y poco elaborados, y, éso sí, acción sin límite y espectacularidad a raudales. Este señor se crió en su Alemania natal disfrutando las grandes obras del fantástico estadounidense, y, poquito a poco, ha ido abriéndose camino hasta el punto de aportar al género grandes taquillazos, lo cual no implica, necesariamente, que haya sido capaz de cuajar una sola buena película. “2012” no es ni mucho menos la excepción, y lo primero que hay que decir es que quien se conforme con verla en internet o pirateada en el ordenador se va a llevar el chasco más grande de su vida, porque lo único que merece la pena de su larguísimo metraje es la espectacularidad de sus efectos especiales (necesaria una pantalla gigante) y la potencia de su sonido digital, características ambas que palidecen, hoy por hoy, en la intimidad de nuestros domicilios, por mucha pantallita de plasma o equipos 5.1 que nos hayamos comprado. Si no fuese por lo estrictamente cinematográfico (la capacidad de hacer creíble lo increíble, la habilidad de convertir lo inverosímil en verosímil, la innegable fascinación de las escenas de destrucción masiva), “2012” sería incluso más floja que cualquier episodio del más repelente culebrón venezolano de sobremesa. Porque ya tiene delito conseguir que incluso John Cusack, uno de los actores más sólidos de su generación, actúe con la misma desgana que, por ejemplo, el Nicolas Cage de sus últimos trabajos. De alguna manera, como luego indicaré al final, “2012” no es sino un refrito de dos de los trabajos antes mencionados de Emmerich, “Independence Day” y “El día de mañana” (hay que echarle morro a la vida para pasarse la ídem repitiendo los mismos temas una y otra vez), y el papel de Cusack está prácticamente calcado de los que hicieron Will Smith y Dennis Quaid en los films citados, o, lo que es lo mismo, inspirado “casualmente” en el que desempeñaba el referido Nicolas Cage en la irregular “Señales del futuro”. Por su parte, el estupendo Chiwetel Ejiofor sería el equivalente al Jeff Goldblum de “Independence Day”, mientras que un avejentado Danny Glover recupera el rol de Presidente de los USA, heroico y viudo, aunque, eso sí, con bastante menos suerte que el que encarnaba Bill Pullman en “I.D.”. Incluso el iluminado Woody Harrelson, tan sobreactuado como de costumbre, parece clonar a Brent Spiner en el film sobre la invasión marciana. La originalidad de “2012” es, pues, nula, su moralina (a la hora de la muerte, las familias olvidan sus diferencias, sobre todo, las causadas por los divorcios y separaciones) parece copiada de los folletos de los Testigos de Jehová, y el giro final de los acontecimientos hacia la construcción de una nueva Arca de la Alianza resulta tan sólo una versión tecnológica de “Sigo como Dios”. Lo único que la salva, lo único que me hace recomendar su visión EN CINE es su portentoso despliegue de efectos especiales, que en un par de secuencias (las que ilustran la huída por los pelos del protagonista por entre los terremotos de San Francisco y el accidentado despegue de la avioneta en el Parque Nacional de Yellowstone) me hicieron exclamar, para mis adentros: “¡Esto es cine!”. La sensación dura, ciertamente, pocos minutos, pero esos minutos valen la pena.



Luis Campoy



Lo mejor: los efectos especiales


Lo peor: los actores, los diálogos, la obsesión de Roland Emmerich por destruir el mundo


El cruce: “Independence Day” + “El día de mañana” + “Señales” + “La aventura del Poseidón” + “Sigo como Dios” + “Deep Impact”


Calificación: 9,5 (para las secuencias de efectos especiales) / 3,5 (para el resto)